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Ecoportal Dominicano | Lunes 26 de abril del 2010
Cuando era niño escuché algunas veces a mi padre referirse a alguna persona como: Ese es un boca de Pitanguá -decía risueño ó– al que le digan boca de Pitanguá que pelee. Después supe que el Pitanguá es una avecilla insectívora, de hábitos nocturnos, pariente de la bruja, y el Don Juan, caprimulgus ekmani, es su nombre científico y cito a continuación lo que dice de esta ave la enciclopedia virtual dominicana:
“La Pitanguá (caprimulgus ekmani) es un ave de hábitos nocturnos que hace su nido en el suelo entre las hojas secas, por lo cual es difícil de ser observada, sin embargo su canto que dice pitanguá, tanguá, guá, la delata en los lugares donde se encuentra, principalmente en Puerto Escondido, en la Sierra de Bahoruco, la Sierra de Neyba, Jarabacoa y Loma de Cabrera. Mide 11 pulgadas y su color es gris con pintas marrones salpicadas de negro en todo el cuerpo, en el pecho tiene pintas blancas y cuando vuela, en la cola se puede ver una franja blanca. Ave amenazada. Vive especialmente en los bosques semiáridos, los cuales está perdiendo por la deforestación.”
Lo que no cuenta la Enciclopedia Virtual Dominicana, es el por qué del relajo de mi padre: Esta avecita tiene una boca grandísima, y su forma de alimentarse es que vuela en la obscuridad con su inmensa boca abierta, para atrapar mosquitos e insectos. Me han contado casos en los que dos pitanguás en vuelo, han chocado de frente quedando el que tiene la boca más pequeña, dentro del que la tiene más grande. Es una pena que esta avecita tan particular esté amenazada, porque la súper población este acabando con su hábitat. Tenemos que emprender políticas de planificación familiar, y entender que los seres humanos no somos los hijos únicos de Dios, que los pajaritos, los peces y las plantas, también lo son, y se merecen su espacio. Mientras tanto, -yo usted, ¡si me dicen boca de pitanguá, peleo!- hasta una próxima entrega de Cuadernos de Ecoportal.
Oscar López Núñez
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