Samaná, el rescate de su templo PDF Imprimir E-mail
El Nacional | Semana | Sábado 16 de mayo del 2009
 
POR JUAN CRUZ TRIFFOLIO
 
Una de las impresionantes joyas arquitectónicas y antropológicas que exhibe con orgullo la paradisíaca ciudad de Santa Bárbara de Samaná, en el nordeste de la República Dominicana, lo constituye el llamativo templo de la originalmente denominada Iglesia Metodista Africana Episcopal (AME), hoy definida como Evangélica Dominicana y dirigida por el joven, dinámico y acucioso reverendo Albert Moses James.
 
Narra la historia que la congregación religiosa, en un principio, fue fundada por esclavos libertos, quienes vinieron, en su mayoría, desde Filadelphia, en el 1824, bajo la orientación del ministro cristiano Isaac Miller, quien muriera a los tres meses de su llegada al territorio samanense, al momento en que realizaba una visita a la capital haitiana.
 
Resalta el ministro Moses James que, al quedarse sin pastor, solicitaron un sustituto, a los Estados Unidos, y al no ser correspondidos, formularon igual petición a Inglaterra y desde allí recomendaron establecer contactos con los miembros de una misión religiosa que para ese entonces funcionaba en Puerto Plata.
 
Este templo católico de Samaná es parte del patrimonio cultural de los dominicanos.“Vale decir que una vez realizado lo sugerido, no tardó tiempo en llegar a nuestra iglesia el reverendo inglés Williams T. Cardi, junto a su señora esposa, los cuales permanecieron frente a la congregación hasta el momento de su muerte. El cuerpo del pastor recibió cristiana sepultura en una de las dos tumbas existentes en lado izquierdo, en el patio del templo”, subraya el expresivo Moses James.
 
Sostiene el inquieto dirigente espiritual que tanto la permanencia de la estructura física del templo como la vigencia de la comunidad religiosa podrían ser explicada por el hecho de que los inmigrantes afroamericanos trajeron consigo sus tradiciones, costumbres, gastronomía y creencias, entre otros valores, los cuales mantuvieron siempre vivos en el territorio samanense, en parte, consecuencia de la condescendencia del entonces gobernante haitiano Boyer.
 
En torno a la presencia de la impresionante e histórica edificación de la otrora Iglesia Metodista Africana Episcopal –AME-, también denominada como “La Chorcha de Samaná”, calificativo que no siempre resulta simpático para algunos de sus miembros, se afirma que fue traída en un barco, en partes, directamente desde Inglaterra a hasta Samaná, a finales del siglo XIX, en donde fueron ensambladas.
 
El diseño del templo responde al estilo victoriano y su levantamiento estuvo bajo la responsabilidad del ingeniero Williams Tatcher.
 
“Es innegable que ha sido un original y valioso regalo de Gran Bretaña para complacer a nuestros hermanos afroamericanos y sus descendientes. Como se observa, se trata de una estructura de zinc, por fuera, sostenida por angulares metálicos y en su interior todo está cubierto en madera”, destaca el reverendo Albert Moses James.
 
En lo referente a las perforaciones que el visitante puede observar en varias de las hojas de zinc que conforman el atractivo templo, precisa el pastor James que son el resultado de enfrentamientos a tiros entre partidarios y adversarios del régimen de Ulises Heureaux (Lilís), ya que algunos opositores hacían uso del mencionado edificio como lugar de protección.
 
“La iglesias y los pastores siempre se han caracterizados por proteger y refugiar a los perseguidos y es así como se explica la existencia de marcas o huellas de disparos. Además debo decirte que, en el caso de nuestro templo, es importante precisar que aquí existe una especie de sótano donde los perseguidos se escondían o agachaban”, asegura Moses James al tiempo que dejaba escapar una sonrisa.
 
La fiesta de la cosecha
 
Los fieles seguidores de la otrora Iglesia Metodista Africana Episcopal –AME–, en Samaná, adultos, jóvenes y niños de ambos sexos y casi en su totalidad de negra piel, celebran sus cultos varios días a la semana, unas veces iniciados en idioma inglés y terminados en español, acompañados del entusiasmo y la alegría que generan sus típicos cánticos de amor y esperanza.
 
Cada año, como expresión de gracias al Todopoderoso por los frutos generados por la intensa labor agropecuaria, los fieles salen en procesión por las calles de Samaná, cantando al compás de su bandas de música, ceremonia que culmina con el depósito de una muestra de la cosecha en el altar mayor del templo.
 
Al día siguiente, los productos agropecuarios, algunos de ellos colgados de los bordes superiores de las ventanas y las puertas de la ermita, son subastados y el dinero recaudado es destinado a obras de bien social y actividades religiosas.
 
Este encuentro religioso, de acción de gracias, se define como “la fiesta de la cosecha” y algunos fieles también denominan “havis”, término desnaturalizado que tiene sus orígenes en la palabra inglesa “harvest”.
 
El templo
 
Desde hace un considerable tiempo, el atrayente templo que ocupa la Iglesia Evangélica Dominicana, en Samaná, está siendo sometido a un valioso proceso de remozamiento, el cual es definido por un número considerable de residentes en la moderna ciudad nordestana como “lento y tortuoso”.
 
Apuntan algunos samanenses que no obstante el local ha sido declarado Patrimonio Cultural, su restauración, a cargo del arquitecto Omar Rancier, auspiciada por la Secretaría de Turismo, quien donó un millón de pesos y recaudó un monto similar en el sector privado, es una especie de “historia que nunca termina”.
 
Sin embargo, un tanto optimista, el reverendo Moses James recuerda que hace poco le visitó el Secretario de Estado de Cultura, licenciado José Rafael Lantigua, quien resaltó que el dinero pendiente para devolver el esplendor al templo, unos tres millones de pesos, está contemplado en actual presupuesto de la nación y en consecuencia, en un corto tiempo, continuará el proceso de rescate y preservación.
 
“Ya se invirtieron dos millones, ahora estamos orando para que ese presupuesto baje a Samaná y que sobre todo, se aplique antes de que el edificio vaya a derrumbarse y se pierda este patrimonio de todos”, subraya de manera pausada el religioso James.

 
         
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