Ramfis hizo costosos regalos a actriz húngara Zsa Zsa Gabor PDF Imprimir E-mail
Listín Diario | La República | Domingo 28 de febrero del 2010
 
Pasión. Angelita afirma que Ramfis Trujillo era un apasionado de la carrera militar
 
POR NÉSTOR MEDRANO
 
Santo Domingo.- Los hijos del dictador Rafael Leónidas Trujillo vivían una vida de reino de hadas, en la que Ramfis, Radhamés y Angelita disfrutaban de placeres, educación, viajes y una exhibición de fortuna que repercutía en regalos en efectivo a amigos y amantes.
 
Un Mercedes Benz y un abrigo costosísimo regalados por Ramfis a la actriz Zsa Zsa Gabor, causó un escándalo a nivel del Congreso de Estados Unidos, que cuestionaba que un país pobre incurriera en tales dispendios.
 
La hermana de Ramfis, amigo personal del playboy internacional Porfirio Rubirosa, explica sin embargo que todo ese derroche y los gastos en que incurría el jefe de la Fuerza Aérea Dominicana eran cubiertos por él mismo y que no se trataba de recursos del Estado.
 
 Ante el escándalo que protagonizó Ramfis en la ciudad de Los Ángeles, cuando se despedía, luego de una estancia en la que fracasó por inasistencia a unos cursos militares, así como el derroche y el exhibicionismo de recursos puestos al servicio de fiestas, el senador Porter, de Arizona, dijo que Estados Unidos no debería entregar dinero en ayudas a República Dominicana cuando el hijo de Trujillo estaba gastando una cantidad exorbitante en Los Ángeles.
 
“Ramfis gastaba su propio dinero o el que de su propio peculio le daba mi papá. Ese no era dinero del erario sino del peculio de mi papá”, establece Angelita en su libro “Trujillo, mi padre”.
 
Esa vida de complacencia y de entrega de recursos, era una costumbre en ellos, según se aprecia en la parte en la que se narra lo que hizo Radhamés, cuando su padre decidió enviarlo al exterior a formarse académicamente:
 
“Después de concluir sus emotivas palabras, se fue acercando a cada uno de los amigos presentes, militares unos, civiles otros, y a todos hizo entrega de un sobre con un presente de diez o más miles de dólares. Los empleados que atendían los quehaceres de la finca, también fueron obsequiados espléndidamente”, refiere.
Recuerdo familiar. La abuela de Angelita, Julia Molina viuda Trujillo, sostiene en brazos al hijo de Angelita Trujillo, llamado como su abuelo, Rafael Leónidas. Figuran sus padres Rafael Trujillo y María Martínez de Trujillo, Angelita Trujillo y sus sobrinos. 
La hija del tirano intenta mostrar una cara distinta a la que ha consignado la historia del hombre que dirigió con mano de hierro el país, ordenó persecuciones y asesinatos, y le atribuye haber sido un padre débil con sus hijos, que pasaba horas con ellos, vestido en pantalones cortos y sandalias, en la habitación y en la piscina.
 
En sus memorias, revela en los capítulos “Nace Radhamés”, “Ramfis y Angelita”, que Rafael Leonidas Trujillo Martínez (Ramfis), su hermano mayor, era un amante de la carrera militar que tuvo una entrega infinita hacia los organismos castrenses y que se esforzó en la formación de la Fuerza Aérea Dominicana. A Ramfis, según estas mismas apreciaciones, le gustaba el canto, era amante del tango y esta virtud artística, siempre ceñidos a la versión del libro, la compartía con Radhamés, quien era compositor y muchas de sus canciones fueron grabadas por José Manuel Lope Balaguer, Elenita Santos, Fernando Casado, Francis Santana, Gloria Mirabal y otros más cantantes.
 
“Lo que no sabemos es de dónde les viene esa corriente musical a mis hermanos; pues a mi papá le encantaban las poesías y recitaba con mucho sentimiento los versos de Neruda, Amado Nervo” dice.
 
Angelita narra en su obra que Ramfis era muy especial para sus padres y que su afición por la música de Gardel era tal que en sus años de adolescencia dio instrucciones a un empleado de la estancia para que todos los días por la mañana lo despertara con una grabación titulada “Lejana tierra mía”.
 
Ramfis tuvo como tutor al español José Almoina, quien como los intelectuales de la época, hacía apología de todo lo que oliera a Trujillo, como se presenta en la siguiente descripción en un escrito suyo:
 
“Ramfis entonces tenía como 14 años, alto, apuesto, ágil, de rostro perfecto y ademanes sencillos, su mirada sencilla, preñada de inteligencia y el gesto algo melancólico con tendencia a la interioridad y la meditación”. La hermana le atribuye a Ramfis una gran ilusión con la aviación y un gran interés en la preparación técnica de los aviadores bajo sus órdenes. Lo enaltece por haber fundado en 1955 la Fuerza Aérea Dominicana que antes se llamaba Aviación Militar Dominicana. Cuando se fue a estudiar a Estados Unidos, en el Colegio de Guerra de Fort Leavenworth, no se limitó a vivir en la Base Militar como los demás cursantes, sino que rentó el último piso del hotel Ambassador, de Kansas City “porque el contingente familiar era muy numeroso, más el personal de asistencia doméstica. El servicio de seguridad contaba con una habitación cerca del elevador.
 
“También alquiló una casa en las afueras de la ciudad, muy conveniente para pasar los fines de semana”, explica.
 
¿Tirano u hombre de familia?
 
Angelita indica que en la vida de Trujillo había dos diferencias claras: el Palacio Nacional y la Hacienda Fundación. Relata que se trataba de dos mundos diferentes. En el Palacio Nacional, escribe, primaba el rigor, la formalidad del gobierno y allí jamás se vio al tirano sin la formalidad del saco y corbata, mientras que en la finca sentía la libertad, la flora y la fauna y sentía ser “Chapa”, como le decía su padre.
 
La hija dice de la Casa de Caoba, lugar estratégico que servía para sus citas amatorias más íntimas, carecía de atractivo arquitectónico.
 
“Mi papá llegaba a la estancia Ramfis y si no tenía invitados, después del almuerzo en compañía de mi mamá, subía a su habitación y se ponía unos pantalones cortos, unas sandalias y descubierto de la cintura hacia arriba se sentaba en una terracita que había al lado de su cuarto. Cuando yo estaba en la casa, le acompañaba. Era su costumbre comer alguna fruta mientras conversábamos. Un detalle agradable es que siempre estaba de muy buen humor”, dice.
 
En estas reuniones de la familia Trujillo solía caminar en compañía de Angelita y de Radhamés por los alrededores de la piscina. Solo encendía el aire acondicionado de la habitación para dormir la siesta, pues en todas las demás actividades de su vida abría las ventanas, pues, según la hija, decía que el aire natural era insustituible.
 
También refiere que Trujillo, lo mismo que ordenado era presumido, con un saloncito al lado de su habitación que utilizaba como barbería. Él mismo se teñía el bigote.
 
“Todos los momentos de esparcimiento con mi papá eran exquisitos, siempre risueño y conversador. Su música bailable favorita eran los danzones. ‘Almendra’ era su preferido, sin restarle prioridad a la prestancia del tango”, explica.
 
Anécdotas de Angelita Trujillo en su libro

Angelita Trujillo refiere que cuando aconteció el terremoto de 1946 su padre se encontraba en el segundo piso de la casa y le decía desde el balcón lo que debía de hacer.

Narra que familias distinguidas fueron compadres de Trujillo y cita el caso suyo y de Radhamés, mencionando su bautizo: “A Radhamés y a mí nos bautizaron al mismo tiempo en la Iglesia Santa María La Menor (La Catedral) el 2 de agosto de 1945. Mis padrinos fueron Salvador A. Cocco y Carmen B. de Cocco, Manuel Arturo Peña Batlle y Carmelita de Peña Batlle, José M. Bonetti, Belén Martínez de Comprés, Rafael Paíno Pichardo y Clara Ricart, etc”.

 
         
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